viernes, 1 de agosto de 2014




Firma de F. de P. Castells


Sabemos poco de la infancia de Francisco de Paula Castells Cañas (o como es conocido en el entorno anglosajón, Francis de Paula Castells o F. de P. Castells). Nace el 30 de mayo de 1867 en Mataró (Barcelona), siendo sus padres Francisco Castells Abadal y María Dolores Cañas, quienes se habían casado en enero de 1866. Es un adolescente sumamente rebelde, al punto que sus padres consienten que se vaya a vivir con la familia del misionero protestante Erik Enrique Lund, en Barcelona, con quien descubrió la fe. 

Erik Enrique Lund
(1850 - 1935)
Lo primero que sabemos de su vida adulta es que a los veinte años se halla al servicio de la Sociedad Bíblica, y parte como misionero a Malasia, donde permanecerá unos nueve o diez meses. En una carta interna de la Sociedad Bíblica con fecha 6 de abril de 1888 se convocaba una reunión de despedida que tendría lugar en la Bible House de Londres, y a la que acudiría John Haffenden, el director de la expedición, junto con su señora, y cuatro colportores o vendedores ambulantes de Biblias: Mr. Alfred Lea, Mr. G. E. Irving, Mr. B. Purdy y Mr. B. W. H. Boram; la expedición se completaba con el Sr. F. de P. Castells, quien "ya había partido para el mismo destino". Si tenemos en cuenta que en febrero de 1889 Castells partiría para Filpinas acompañando a Manrique Alonso Lallave, necesariamente hubo de estar de vuelta hacia finales de 1888.

A comienzos de 1889 acudió a casa de Lund el Pastor Manrique Alonso Lallave, quien había sido fraile en Filipinas durante doce años pero se había convertido al protestantismo. Alonso y Lund coincidieron en la necesidad de llevar el Evangelio (protestante) a las Filipinas, y se acordó que Manrique Alonso volvería. Castells, que estaba presente en la reunión, rogó a Alonso que le permitiese acompañarle, a lo que este accedió.


EN FILIPINAS CON MANRIQUE ALONSO LALLAVE

Manrique Alonso Lallave había sido fraile dominico en Filipinas durante doce años, pero se había convertido al protestantismo. Al ser llamado a comparecer ante un tribunal eclesiástico, Alonso partió hacia Singapur, bajo dominio británico, y de allí hacia Inglaterra, donde se convirtió en Ministro episcopaliano y permaneció durante diez años, llegando a Madrid en 1871. Entró en contacto con la Iglesia Cristiana Española para ejercer como Pastor en Granada, Madrid y Sevilla, donde sería iniciado Masón, en la Logia Numancia nº 16 del Gran Oriente Luso.
Portada de la traducción del Evangelio
de Lucas al pangasino realizada por

 Manrique Alonso Lallave.

Durante su estancia en España Alonso se propuso traducir los Evangelios al pangasino (lengua vernácula filipina). A partir de la Biblia Reina-Valera, primero tradujo el Evangelio de San Lucas, con el título Say Masantos a Evangelio na cataoan tin Jesu Cristo de onuñg na dinemuet nen S. Lucas,  que fue publicado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera en Londres en 1887. Al año siguiente aparecerían las traducciones de Mateo, Marcos, Juan y Hechos. Hacia mediados de febrero de 1889 Alonso y Castells partían en barco con 8000 ejemplares impresos en Madrid; pero en el falso fondo de su baúl había siete Biblias protestantes en español, un Nuevo Testamento en español y una Biblia en chino. El 30 de marzo 1889 Alonso y Castells llegaban a Filipinas. Se les prohibió que introdujesen los Evangelios en pagasino, de modo que se alojaron en el Hotel de Oriente mientras intentaban solventar los problemas creados por los funcionarios de la aduana.

Hotel de Oriente, en Manila, 1890.
Al cabo de dos meses aconteció un episodio dramático: tras comer en el hotel, tanto Alonso Lallave como Castells sufrieron en el hotel un cuadro médico del que se especula si fue un envenamiento instigado por los frailes. Manrique Alonso Lallave falleció el 5 de junio de 1889. Debido al odio que los frailes profesaban  a Alonso Lallave, se negaron a enterrarlo; al cabo de unos días, estando el cuerpo en avanzado estado de descomposición, el Cónsul británico obtuvo permiso para enterrarlo en el cementerio protestante de Makati. En su convalecencia, y lleno de rabia, Castells se levantó de la cama, abrió el falso fondo del baúl, cogió las Biblias en español y salió del hotel, comenzando a venderlas a los transeúntes, por lo que fue detenido y encarcelado. Nuevamente el Cónsul británico apareció, consiguiendo que se liberase al joven Castells, con la promesa de que abandonaría las Filipinas.

Manrique Alonso Lallave
(1839 - 1889)
La situación vivida por Manrique Alonso Lallave y F. de P. Castells es más comprensible si se tiene en cuenta la realidad administrativa de las Islas Filipinas. En provincias más próximas, como Cuba, había abundante población española, lo cual permitía crear una verdadera administración del estado. Sin embargo, en Filipinas la población de origen español era mínima, debido a la lejanía geográfica (26.000 españoles de origen dispersos por todo el archipiélago), por lo que no se podía crear un estado según el patrón moderno. Esto provocó que las órdenes religiosas, como los Dominicos, Agustinos o Franciscanos, que sí tenían allí amplia presencia, se convertirían en representantes de facto de España, otorgando a los frailes un poder que en la metrópoli sería impensable. Este sistema de gobierno, verdaderamente único y caractarístico de la Filipinas española, se denominó frailecracia. Alonso había denunciado los abusos ocasionados por las órdenes religiosas en su libro Los Frailes en Filipinas (Madrid, 1972).


 La hija de Alonso Lallave recibió dos meses después un telegrama del doctor que afirmaba que su padre había muerto de fiebres, pero dos mensajes posteriores afirmaban que había sido envenenado. 

No podemos terminar el relato de lo acontecido a F. de P. Castells en Filipina sin mencionar que, a  pesar de la brevedad de la estancia de Castells en Filipinas, durante ese período fue iniciado, pasado y elevado al Grado de Maestro Masón en la Logia Integridad Nacional nº 1, siendo también fundador de la Logia Unión nº 2 (esto era normal dada la velocidad a la que entonces se conferían los Grados en Filipinas). Aunque no sería hasta instalarse definitivamente en Kent, en 1905, cuando Castells podría comenzar una vida masónica realmente activa e intensa.



Sínodo fundacional de la Iglesia Cristiana Española en 1886. Los dos candidatos  principales para ocupar el puesto de Obispo eran Manrique Alonso Lallave y Juan Cabrera. Finalmente el cargo fue ocupado por Cabrera, figura icónica del protestantismo español.


Frailes dominicos con nativos filipinos, c. 1885.

 
SINGAPUR Y LA COCHINCHINA FRANCESA

Castells partió con los 8000 Evangelios hacia Singapur, donde a los 24 años, contrajo matrimonio con Mary Smith (1866 - 1947, nacida en Blackburn, Lancashire), quien pasaría a llamarse Mary Castells. El 7 de septiembre de 1892 nacería su primer hijo, Francis Theodore Castells (Singapur, 7 de septiembre de 1892 - Regents Park Road, Finchley, 18 de diciembre de 1956).

Fue recibido por el Cónsul de Francia, quien le facilitó la entrada a la Cochinchina francesa. En la Cochinchina, los franceses le estuvieron agradecidos por los cuidados que prestó a sus soldados enfermos, y gracias a esta buena relación con la administración gala Castells se convirtió en 1892 en el Subagente de la Sociedad Bíblica en la Cochinchina, donde vendió unas 3000 Biblias, principalmente en chino y francés. Debido a problemas de salud, hubo de regresar a Inglaterra.


CENTROAMÉRICA


En 1893 F. de P. Castells fue designado por la Sociedad Bíblica para dirigir su trabajo en Centroamérica. A este respecto contamos con una interesante referencia bibliográfica en el Libro Trailblazers for Translators, de Anne Marie Dalqvist:



En 1893 el Reverendo F. de P. Castells fue designado por la Sociedad Bíblica para dirigir su trabajo en Centroamérica. De manera inmediata comenzo a encargar traducciones destinadas a los mayas y a otras tribus, pero no recibió ayuda de los misioneros con los que se puso en contacto. El informe anual de la Sociedad Bíblica de 1902 dice de él: "Sus esfuerzo fueron muy criticados al principio. Los idiomas de estas tribus no eran considerados dignos de una traducción de la Biblia. Se afirmaba que cualquier traducción resultaría ser necesariamente inútil. Los indios eran considerados como demasiado ignorantes, y tanto la Sociedad Bíblica como sus miembros fueron tachados de visionarios". A pesar de la oposición de las misiones establecidas, Castells encargó traducciones de fragmentos de la Sagrada Escritura a los dialectos maya yucatec y caribe. En 1897, a instancias del pionero presbiteriano Edward Haymaker, también encargó una traducción del Evangelio de Marcos al maya quiché. Esta labor fue realizada por Felipe Silva, profesor católico de lenguas mayas en la Universidad de San Carlos en Ciudad de Guatemala. El propio Castells supervisó la traducción, que fue publicada en 1898. Una segunda edición fue publicada al año siguiente, y una tercera en 1902. El total de las tres ediciones ascendió a 7000 ejemplares, que fueron adquiridos a los vendedores ambulantes de la Sociedad Bíblica.

Castells recalcó la necesidad de traducir la Biblia para los indios de Latinoamérica. En la Conferencia Ecuménica Misionera celebrada en Nueva York en 1900, intentó desmontar dos mitos ampliamente extendidos: en primer lugar, que se podía llegar a los indios de Latinoamérica a través de las Sagradas Escrituras en español; y en segundo lugar que, por ser teóricamente católicos, habían sido convenientemente evangelizados.

de Trailblazers for Translators, por Anne Marie Dalqvist.



Contamos también con una extensa descripción del trabajo de F. de P. Castells  en Centroamérica en el libro A History of the British and Foreign Bible Society, de W. Canton (ofrecemos aquí unos párrafos, el texto al completo figura al final de la página):


LAS CINCO REPÚBLICAS CENTROAMERICANAS

La llegada de F. de P. Castells a Costa Rica en el otoño de 1893 llegó en un momento realmente inmejorable. La Catedral Auxiliar de Honduras, cuyos registros se remontaban, con algunas interrupciones, a 1818, acababa de volver a la actividad. Costa Rica se hallaba en vísperas de unas elecciones en las que los Clericales fueron derrotados con desastrosos resultados. El órgano del partido fue suprimido; el Obispo de San José, junto con parte de su clerecía, quienes pocas semanas antes habían cerrado librerías contrarias a las Escrituras, fueron encarcelados, y una nueva ley castigaba la maniobra sacerdotal de declarar a los enemigos políticos “eternamente perdidos”.

Ignorados entre la masa despreocupada se encontraban unos quinientos obreros, indios de las aisladas zonas aborígenes del interior. El Sr. Castells les visitó durante su hora de comer; escucharon interesados las parábolas de Nuestro Señor, las cuales leyó de la Biblia española; aquellos que sabían español las tradujeron a sus compañeros, y durante días no hablaron de otra cosa que de las historias del Nuevo Testamento. Los indios de Guatemala superaban los 880.000, y la mayor parte de ellos profesaban las antiguas creencias paganas. No querían aprender español, y apenas les había llegado la influencia de la Iglesia de Roma. El cakchiquel, la más común de sus lenguas, se hablaba también en parte de Honduras y el Salvador, y Castells se propuso dominarla con el propósito de traducir el Evangelio de Marcos. Pero el cakchiquel resultó ser una dialecto de una rama más amplia, el quiché, y mientras continuaba su trabajo fue capaz de comprometer en la traducción del Evangelio al mejor experto de quiché del país, Don Felipe Silva, quien había pasado toda su vida como funcionario del gobierno entre los nativos. Mientras tanto, el Rev. J. F. Laughton, de la Sociedad de Propagación del Evangelio, había traducido el Evangelio de Marcos a la lengua caribe, el cual fue publicado a petición del Dr. Ormsby, Obispo de Honduras. El Sr. Castells se embarcó en un circuito de 1000 millas, 225 a pie, 150 por tren, 200 en vapor, 370 en bote y canoa, y 100 a caballo para hacerlo conocer entre los indios caribes. Al sonido del cuerno y al grito nativo de ¡Uganu binditi! (las buenas noticias, la Buena Nueva) la gente se juntaba. Escuchaban y compraban con diligencia, y el visitante pronto llegó a ser conocido como el hombre de la Buena Nueva. Hacía un siglo que los últimos supervivientes de la belicosa nación caribe habían sido deportados de San Vicente por los británicos. Desde la Isla de Ruatán se habían extendido por las costas de Honduras y remontado los ríos. Eran todavía una raza aparte, que conservaba sus oscuras supersticiones, el culto al diablo, y se creía, no sin razón, que todavía practicaban los sacrificios caníbales de sus ancestros. La Buena Nueva había tocado sus corazones paganos. Desde las tierras interiores se pidieron más ejemplares, y la misma Reina de los Caribes se dirigió al cónsul de los Estados Unidos. Se imprimió otra edición, de modo que en 1901 el Evangelio de San Juan fue también publicado. En total se vendieron 2.538 ejemplares.



Catedral Auxiliar de San Juan Bautista, a la que F. de P. Castells fue destinado en 1903.


En la Ciudad de Guatemala los curas tuvieron conocimiento de la traducción al quiché, e intentaron interponerse; pero Don Felipe Silva, que sentía que había un cierto encanto en el libro (“algo que atrae”), permaneció impertérrito ante sus insistencias, y en 1899 el Evangelio había sido concluido entre una tormenta de invectivas políticas y amenazas en las Cinco Repúblicas. Pocas semanas después F. de P. Castells salvó el manuscrito de un fuego que surgió en el bloque de casas en el que vivía, llevándolo ante el Ministro de Obras Públicas: “Querido amigo –dijo el Ministro-, vi en vuestra exhibición del año pasado algo de lo que vuestra Sociedad está haciendo por educar al mundo en las verdades del Cristianismo, y me agradaría mucho que se pudiese imprimir esta nueva versión a expensas del propio gobierno, pero los recientes acontecimientos lo hacen imposible”. No obstante, gracias a esta orden, se dio precedencia al Evangelio de Marcos sobre cualquier otro asunto, y en abril 1.000 ejemplares en quiché, junto con otros mil ejemplares en español de la Biblia Valera, fueron impresos en las imprentas del estado a precio de coste.


Con gran entusiasmo Castells partió para la nación quiché en el oeste. Se le había advertido de los peligros de tal viaje. De hecho, todos sus proyectos habían sido criticados con dureza. Se consideraba a las tribus como demasiado primitivas para comprender el cristianismo, y que su jerga no merecía una traducción de la Biblia. El Comité y sus representantes eran visionarios, pues incluso los misionarios había sido demasiado lentos en reconocer las necesidades de estos nativos. Pero incluso en estas regiones dejadas por imposibles el Hombre de la Buena Nueva y sus libros fueron bienvenidos con alegría. En menos de cuatro meses toda la edición se agotó, de modo que hubo de imprimir una segunda edición de 5000 copias en Costa Rica en 1899. Al año siguiente otro misionero se estableció de manera permanente entre los quichés, encontrando su camino maravillosamente bien preparado. En 1902 se publicó una tercera edición en Belize. En los años sesenta se habían impreso los Evangelios de Lucas y Juan en maya para los misioneros del Yucatán. El veterano traductor, Reverendo Richard Fletcher, se encontraba todavía vivo en Hull, pudiendo ver publicados los Evangelios de Mateo y Marcos en 1900. Una vez más la experiencia demostraba que todavía estaba por descubrirse un idioma en el que no pudiese expresarse la Palabra de Dios.


Esta lista de frases corrientes del Método Quiché nos muestra el credo religioso protestante en el que se desenvolvía Castells. Antes fuimos buenos, somos pecadores es una referencia al Pecado Original. Mi salvamento es la Gracia de Dios es una frase que no deja de evocar la sola fide. Obsérvese la falta de referencias a la Virgen María.


Tras seis años de ardua labor el Sr. Castell navegaba hacia Europa en septiembre de 1898 para unas vacaciones bien ganadas. El Sr. Mellowes, de las Islas Leeward, se hizo cargo de su trabajo, pero mientras se encontraba en Nicaragua, al año siguiente, enfermó de malaria y dimitió de su puesto. Cuando Castells regresó lo haría como representante de una Sociedad Bíblica cuyo ámbito de trabajo que se extendía desde el istmo de Tehuantepec hasta el de Panamá, un area de casi 186.000 millas cuadradas, con una población de 5.500.000 aborígenes y mestizos.


A History of the British and Foreign Bible Society, por W. Canton





Es preciso mencionar que, aparte de su estudios sobre las lenguas mayas, la Biblioteca de Catalunya cuenta con una traducción de la Epístola de San Pablo a los Romanos realizada por F. de P. Castells, primera traducción realizada directamente desde el griego al catalán, publicada en el semanario El Eco de la Verdad en 1897. 


Como decía Dalqvist, Castells asistió a la Conferencia Ecuménica Misionera celebrada en Nueva York en 1900, donde intentó desmontar dos mitos ampliamente extendidos: en primer lugar, que se podía llegar a los indios de Latinoamérica a través de las Sagradas Escrituras solo con el idioma español. Dice Castells: 
Esto no es cierto. La primera postura, sostiene que en México no más del quince por ciento, son de origen español. Algunas de sus leyes y el idioma oficial fueron tomadas de España, pero apenas puede ser llamado un país español. Si sales fuera del Golfo de México, encontrarás que prevalece a lo largo de la Costa Atlántica, desde Yucatán a Brasil, el inglés y no la lengua española. En la República de Salvador, por el contrario, hablan español menos de una cuarta parte de la población total pues todavía hablan sus dialectos aborígenes, y en Guatemala, de 1.800.000, más de 1.000.000 desconocen absolutamente el rico castellano, usando sus primitivas lenguas 16,000,000 de brasileños que hablan portugués. Todo el mundo sabe Guianai con inglés, holandés y francés. En el corazón de América del sur la mayoría de los habitantes son indios puros, y un porcentaje muy grande usa Quichua, Guaraní, y Aymara. En el extremo sur, también hay gran número de indios que ignoran el español. De hecho, mi estimación es que apenas un tercio de americanos del sur tienen sangre española en sus venas y que más de la mitad puede decir que tiene el español como lengua materna.” En segundo lugar que, por ser teóricamente católicos, habían sido convenientemente evangelizados. Sobre esto dice: “América del sur es un continente dominado, sin vida familiar hasta la anarquía doméstica, a bacanales religiosas, a la adoración de imágenes grotescas, a la práctica de ritos paganos o semi paganos y al control de un sacerdocio más libertino cuya actividad principal parece ser un vergonzoso tráfico de almas que ha alcanzado notoriedad mundial, y que el Evangelio de Cristo se ha convertido en un sinónimo. 

Madison Avenue Presbyterian Church, 23 de abril.
Traducción de D. Manuel de León
http://protestantedigital.com/blogs/38041/la_expansion_del_evangelio_en_cataluna


F. de P. Castells permanecerá en Centroamérica hasta 1905. Durante la estancia del matrimonio en Guatemala nace su segundo hijo, Edmund Castells (Guatemala, 9 de mayo de 1895 - Alicante, España, 28 de enero de 1981). En 1901 F. de P. Castells fue ordenado Diácono y en 1903 Sacerdote.




Registro de entrada de pasajeros al Reino Unido, de 1896. En él aparecen Mr. F. de P. Castells (por error figura 27, cuando son 29), Mrs. F. de P. Castells (30), y sus dos hijos de 5 y 1 años. El puerto británico de destino fue Plymouth, y con toda probabilidad, al ser un viaje en la etapa centroamericana de Castells, habrían ido primeramente a Nueva Orleans para allí tomar el barco a Plymouth (durante estos años Castells aparece ocasionalmente en los registros de entrada de la aduana estadounidense en Nueva Orleans).


KENT (INGLATERRA)

Tras su experiencia misionera, F. de P. Castells regresa definitivamente a Inglaterra en 1905. Desde 1905 a 1907 ejerce como Capellán en la Iglesia de la Santísima Trinidad en Brompton (Kent). Es en este momento cuando termina sus estudios de Teología en el King's College, (Universidad de Londres), convirtiéndose así en A.K.C. (Associate of the King’s College, título que se obtenía al cursar los tres años de Teología).

Iglesia de la Santísima Trinida en Brompton (Kent).

El King's College de Londres en 1928, tal y como lo conoció F. de P. Castells.


Desde 1907 hasta 1912 ejerce igualmente como Capellán en la Iglesia de Cristo (Christ Church) de Bexleyheath.

Christ Church en Bexleyheath, a comienzo del Siglo XX, donde F. de P. Castells fue destinado como pastor (cortesía de Bexley Borough Archives).



(Cortesía de Bexley Borough Archives)



El 19 de octubre de 1909 se nacionaliza ciudadano británico.

Registro de la nacionalización de F. de P. Castells.




Desde 1912 Castells ejerció como Capellán en el complejo de hospitales del Támesis, en la ciudad de Dartford. Lo acontecido en esta localidad es un fenómeno curioso de cómo pueden desarrollarse las inversiones públicas. Con unos 26.000 habitantes, Dartford llegó a contar con más de 10.000 plazas hospitalarias, entre camas y plazas psiquiátricas, convirtiéndose en el macrocentro hospitalario de Londres. Su hijo menor, Edmund, se casó en esta localidad en marzo de 1922, en una ceremonia que posiblemente fuese oficiada por el propio F. de P. Castells.



Hospitales del Río Támesis, en Dartford, a principios del Siglo XX.




Durante este intervalo de tiempo reingresa en la Masonería. Castells había sido iniciado en 1891 en la Logia Integridad nacional nº 1 de Manila, y había sido fundador de la Logia Unión Nacional nº 2. Aunque ingresó en la Logia Bexleyheath nº 2429, dicha Logia desapareció, de modo que ignoramos la fecha exacta de su reingreso. Sin embargo sí contamos con las fechas de la Logia Lullingstone nº 1837, donde transcurrió la mayor parte de su vida masónica: ingresa en la Logia el 8 de Octubre de 1912. En 1924 ocupa el Oficio de Capellán de la Logia, y en 1926 es honrado con Rango de Gran Logia (Pasado Asistente Gran Experto de Caridad), siendo ese mismo año instalado como Primer Gran Principal del Capítulo Lullingstone nº 1837 (ostenta el mismo número que la Logia). Antes de ser honrado con Rango de Gran Logia, Castells figuraba ya como Pasado Asistente Gran Capellán Provincial (ignoramos si previamente ocuparía dicho cargo de manera activa o si fue promocionado directamente a él); sin embargo la Logia Lullingstone no dispone de  la fecha de su nombramiento, por lo que probablemente el Rango Provincial le fuese concedido durante su estancia en la Logia Bexleyheath nº 2429.


Registro eclesiástico de F. de P. Castells, con las principales fechas de su carrera. A.K.C. (Associate of the King's College) le identifica como Bachiller -carrera de tres años- en Teología. La "d" significa "diácono" (deacon) y la "p", "sacerdote" (priest).



Documentos del Censo de Inglaterra y Gales de 1911. Al pie aparece la dirección de la familia Castells (257 Broadway, Bexleyheath). En la hoja figuran Mary Castells (45 años), su hijo mayor (Francis Theodore Castells (18) y la sirvienta, Agnes Mary Lawless (27). Francis no aparece porque en ese año estuvo adscrito a la Christ Church en St. Pancras, y residía en una casa de huéspedes, cuyo registro aparece debajo.
F. de P. Castells
por Juan Palomares



Francis de Paula Castells partió al Oriente Eterno el 28 de diciembre de 1934, en el Maudsley Hospital, Denmark Hill, Surrey, Londres siendo enterrado en Edgeware, Londres.

Su esposa Mary fallecería el 18 de agosto de 1947 en Hendon, Middlesex, Londres.



Registro del entierro de F. de P. Castells (parte inferior derecha), el 2 de enero de 1935.




Anotación referente a Mary Castells en el Registro Testamentario de Inglaterra y Gales.



Su hijo mayor Francis Theodore Castells (Singapur, 7 de septiembre de 1892 - Regents Park Road, Finchley, 18 de diciembre de 1956), contable de profesión, servirá en el Ejército Británico como Subteniente en el 5º Regimiento de York, siendo condecorado el 20 de noviembre de 1916. Se casará en Kharagpur (Calcuta, India) el 23 de julio de 1921 con Margaret Mary Josephine "Maggie" Burke, con quien tendrá una hija, Mary Margaret Denise "Denise" Faranfield, nacida Castells (1922 - 2013) y un hijo, Francis James Patrick Castells (Bombay, 1923 - París, octubre de 2012). Posteriormente se casará en segundas nupcias con Muriel Stewart Maxwell Holder (11 de noviembre de 1900 - abril de 1999).


Anotación de la condecoración a Francis Thedorore Castells.


Su hijo menor Edmund Castells (Guatemala, 9 de mayo de 1895 - Alicante, España, 28 de enero de 1981) permaneció en la Academia Militar de Sandshurst entre 1915 y 1918. Entre 1918 y 1923 sirve, primero como Teniente y posteriormente como Capitán, en el Ejército Indio, siéndole concedida la Cruz Victoria por su valor ante el enemigo. Contrae matrimonio con Phoebe Elizabeth V Bower en marzo de 1922 en Dartford, en una ceremonia que probablemente fue oficiada por F. de P. Castells. Posteriormente se casará en segundas nupcias en 1949 con Celestine Lemasson (1904 - 1989). Tuvo la desgracia de que su único hijo, el Sargento de Vuelo (Piloto) Nigel Paul Ivan Castells (Dorset, septiembre de 1923 - Bremerhaven, 28 de julio de 1943) falleció en combate a los veinte años en Alemania. Tras retirarse vendría a la Costa Blanca como tantos otros jubilados ingleses, falleciendo en Alicante (España) en 1981.


Anotación de la condecoración a Edmund Castells.


Anotaciones registrales de la desaparición en combate del piloto Nigel Castells, nieto de F. de P. Castells.







TEXTO COMPLETO REFERENTE A LA LABOR DE F. DE P. CASTELLS EN CENTROAMÉRICA QUE APARECE EN A HISTORY OF THE BRITISH AND FOREIGN BIBLE SOCIETY, DE W. CANTON:

LAS CINCO REPÚBLICAS CENTROAMERICANAS

La llegada de F. de P. Castells a Costa Rica en el otoño de 1893 llegó en un momento realmente inmejorable. La Catedral Auxiliar de Honduras, cuyos registros se remontaban, con algunas interrupciones, a 1818, acababa de volver a la actividad. Costa Rica se hallaba en vísperas de unas elecciones en las que los Clericales fueron derrotados con desastrosos resultados. El órgano del partido fue suprimido; el Obispo de San José, junto con parte de su clerecía, quienes pocas semanas antes habían cerrado librerías contrarias a las Escrituras, fueron encarcelados, y una nueva ley castigaba la maniobra sacerdotal de declarar a los enemigos políticos “eternamente perdidos”.

De origen e idioma español, y formado en todos los aspectos por su experiencia en Malasia y Filipinas, el Sr. Castells dominó rápidamente la situación. El Gobernador de San José le proveyó de un salvoconducto; la Compañía de Ferrocarriles le entregó un pase gratuito. Al poco se encontraba recorriendo Honduras y Guatemala, Nicaragua y el Salvador, distribuyendo las escrituras, haciendo amigos y recogiendo información sobre las razas nativas y sus lenguajes. Los sacerdotes católicos publicaron 50.000 panfletos tildando de la Biblia Protestante de espúrea, pero muchas de sus ventas tuvieron lugar en pueblos donde no había sacerdotes que interfiriesen, donde la gente estaba preparada para recibir la Palabra de Dios, y los iletrados se reunían en grupos deseosos de saber alrededor de aquellos que sí sabían leer.


Ignorados entre la masa despreocupada se encontraban unos quinientos obreros, indios de las aisladas zonas aborígenes del interior. El Sr. Castells les visitó durante su hora de comer; escucharon interesados las parábolas de Nuestro Señor, las cuales leyó de la Biblia española; aquellos que sabían español las tradujeron a sus compañeros, y durante días no hablaron de otra cosa que de las historias del Nuevo Testamento. Los indios de Guatemala superaban los 880.000, y la mayor parte de ellos profesaban las antiguas creencias paganas. No querían aprender español, y apenas les había llegado la influencia de la Iglesia de Roma. El cakchiquel, la más común de sus lenguas, se hablaba también en parte de Honduras y el Salvador, y Castells se propuso dominarla con el propósito de traducir el Evangelio de Marcos. Pero el cakchiquel resultó ser una dialecto de una rama más amplia, el quiché, y mientras continuaba su trabajo fue capaz de comprometer en la traducción del Evangelio al mejor experto de quiché del país, Don Felipe Silva, quien había pasado toda su vida como funcionario del gobierno entre los nativos. Mientras tanto, el Rev. J. F. Laughton, de la Sociedad de Propagación del Evangelio, había traducido el Evangelio de Marcos a la lengua caribe, el cual fue publicado a petición del Dr. Ormsby, Obispo de Honduras. El Sr. Castells se embarcó en un circuito de 1000 millas, 225 a pie, 150 por tren, 200 en vapor, 370 en bote y canoa, y 100 a caballo para hacerlo conocer entre los indios caribes. Al sonido del cuerno y al grito nativo de ¡Uganu binditi! (las buenas noticias, la Buena Nueva) la gente se juntaba. Escuchaban y compraban con diligencia, y el visitante pronto llegó a ser conocido como el hombre de la Buena Nueva. Hacía un siglo que los últimos supervivientes de la belicosa nación caribe habían sido deportados de San Vicente por los británicos. Desde la Isla de Ruatán se habían extendido por las costas de Honduras y remontado los ríos. Eran todavía una raza aparte, que conservaba sus oscuras supersticiones, el culto al diablo, y se creía, no sin razón, que todavía practicaban los sacrificios caníbales de sus ancestros. La Buena Nueva había tocado sus corazones paganos. Desde las tierras interiores se pidieron más ejemplares, y la misma Reina de los Caribes se dirigió al cónsul de los Estados Unidos. Se imprimió otra edición, de modo que en 1901 el Evangelio de San Juan fue también publicado. En total se vendieron 2.538 ejemplares.

En la Ciudad de Guatemala los curas tuvieron conocimiento de la traducción al quiché, e intentaron interponerse; pero Don Felipe Silva, que sentía que había un cierto encanto en el libro (“algo que atrae”), permaneció impertérrito ante sus insistencias, y en 1899 el Evangelio había sido concluido entre una tormenta de invectivas políticas y amenazas en las Cinco Repúblicas. Pocas semanas después F. de P. Castells salvó el manuscrito de un fuego que surgió en el bloque de casas en el que vivía, llevándolo ante el Ministro de Obras Públicas: “Querido amigo –dijo el Ministro-, vi en vuestra exhibición del año pasado algo de lo que vuestra Sociedad está haciendo por educar al mundo en las verdades del Cristianismo, y me agradaría mucho que se pudiese imprimir esta nueva versión a expensas del propio gobierno, pero los recientes acontecimientos lo hacen imposible”. No obstante, gracias a esta orden, se dio precedencia al Evangelio de Marcos sobre cualquier otro asunto, y en abril 1.000 ejemplares en quiché, junto con otros mil ejemplares en español de la Biblia Valera, fueron impresos en las imprentas del estado a precio de coste.


Con gran entusiasmo Castells partió para la nación quiché en el oeste. Se le había advertido de los peligros de tal viaje. De hecho, todos sus proyectos habían sido criticados con dureza. Se consideraba a las tribus como demasiado primitivas para comprender el cristianismo, y que su jerga no merecía una traducción de la Biblia. El Comité y sus representantes eran visionarios, pues incluso los misionarios había sido demasiado lentos en reconocer las necesidades de estos nativos. Pero incluso en estas regiones dejadas por imposibles el Hombre de la Buena Nueva y sus libros fueron bienvenidos con alegría. En menos de cuatro meses toda la edición se agotó, de modo que hubo de imprimir una segunda edición de 5000 copias en Costa Rica en 1899. Al año siguiente otro misionero se estableció de manera permanente entre los quichés, encontrando su camino maravillosamente bien preparado. En 1902 se publicó una tercera edición en Belize. En los años sesenta se habían impreso los Evangelios de Lucas y Juan en maya para los misioneros del Yucatán. El veterano traductor, Reverendo Richard Fletcher, se encontraba todavía vivo en Hull, pudiendo ver publicados los Evangelios de Mateo y Marcos en 1900. Una vez más la experiencia demostraba que todavía estaba por descubrirse un idioma en el que no pudiese expresarse la Palabra de Dios.

Tras seis años de ardua labor el Sr. Castell navegaba hacia Europa en septiembre de 1898 para unas vacaciones bien ganadas. El Sr. Mellowes, de las Islas Leeward, se hizo cargo de su trabajo, pero mientras se encontraba en Nicaragua, al año siguiente, enfermó de malaria y dimitió de su puesto. Cuando Castells regresó lo haría como representante de una Sociedad Bíblica cuyo ámbito de trabajo que se extendía desde el istmo de Tehuantepec hasta el de Panamá, un area de casi 186.000 millas cuadradas, con una población de 5.500.000 aborígenes y mestizos. Era considerada un área cristiana, pero las gentes apenas conocían la doctrina o el alfabeto cristiano. Como sucedía con el antiguo paganismo, el ritual iba de la mano de la moralidad. Allí estaban los curas, con su música y sus procesiones, sus milagrosos cruficijos negros y madonas milagreras, sus guildas y fraternidades. Allí, en Guatemala, sacudiéndose las ataduras de la superstición medieval, el Gobierno estableció un Festival Anual de Minerva; los escolares, cantando y esparciendo flores, caminaban en torno a la estatua de la antigua diosa pagana de la Sabiduría, y el orador del Estado les hacía comprender que el Festival de Minerva era la apoteosis del Librepensamiento, el único factor posible para su cultura nacional. Aquí había masas de hondureños embrutecidos por la brujería y buscando libros de Magia. En El Salvador el 60% de los niños eran ilegítimos, y el 68% de los hombres y 89% de las mujeres no sabían firmar su propio nombre. En el día del Corpus Christi, la avenida principal de Ciudad de Guatemala estaba repleta de mesas de apuestas. “Las malsanas literaturas del Viejo Continente”, declaraba el Diario de San Salvador, “han enloquecido y perdido a nuestra juventud intelectual… El alcohol es nuestro espíritu maligno… Todo el mundo se emborracha, desde el trabajador de a pié hasta el más artificioso aristócrata”.

El número de vendedores ambulantes subió a ocho, luego a trece y finalmente a dieciséis. Se encontraron Lectoras de Biblia para Masaya, Belize y San Salvador. No quedó ninguna zona dentro del área cubierta por la Sociedad Bíblica donde no se enseñase la Palabra de Dios, desde las poblaciones indias de Chiapas hasta las cimas de Darién, desde las aguas del Pacífico hasta el laberinto de islas del Lago Chiriqui. En las explotaciones bananeras del lago había muchos colonos chinos entre los compradores. Más al norte, a lo largo de la Costa de los Mosquitos, donde había toda una red misionera, se vendía a los nativos Evangelios traducidos por la Misión Morava. Los moravos sufrían las lluvias tropicales e inundaciones; eran detenidos por cordones sanitarios en los distritos asolados por la fiebre amarilla; trabajaban en pueblos amenazados por volcanes rugientes, en ciudades situadas por revolucionarios o agitadas por los terremotos. Las barcas cañoneras de las repúblicas en guerra les llevaban las Escrituras. Poco les afectaron las denuncias desde el púlpito y la prensa. Más de una vez una carta de recomendación de algún ministro les evitó ser arrestados o les permitió un poco de descanso. La destrucción de algunos libros era generalmente seguida por la compra de muchos otros, lo que en una ocasión llegó a ser memorable. Durante una visita del Arzobispo de Guatemala, este hundió solemnemente cierto número de Biblias protestantes en las profundidades del Lago Atitlan. Posteriormente se horrorizó de ver a la gente de una parroquia vecina quemando sus imágenes sagradas. Los lugareños habían leído la Biblia y habían aprendido a reverenciarla, y ante la noticia del sacrílego acto del Arzobispo habían decidido unirse a la Misión Evangélica.

El cuartel general de la Sociedad Bíblica fue trasladado a Belize en 1901, y en octubre de ese mismo año Mr. William Keech se unió al Sr. Castells como subagente de campo, con lo que se despejaron muchas dificultades para el misionero. Tras la finalización de la guerra entre México y los indios mayas, el trabajo comenzó en el Yucatán, y la Biblia protestante compartió el privilegio, hasta ahora de los libros de culto católicos, de poder ser importadas libres de impuestos. Poco pudo hacerse durante la lucha de Panamá para separarse de Colombia y los frailes españoles, quienes se habían reunido allí con su tesoro traído de Filipinas; pero la paz parecía viable, y el golpe de estado de la independencia suponía que Panamá sería una nueva provincia para la evangelización. Desde 1893 hasta 1900 la circulación de Biblias alcanzó los 4.400 ejemplares al año. En 1902 llegó a 19.400 y a finales de 1903 se había elevado a 30.785. El total de los once años superó los 103.400 ejemplares.

¡Hasta qué puntos remotos habían llegado los efectos del trabajo! Un atardecer Castells se encontró en Sabaneta, una pobre aldea de montaña en Guatemala. Conforme se sentaba para cenar escuchó la áspera música de una marimba india y sonidos de regocijo. Era la Nochebuena, le explicó el posadero; no había ningún sacerdote en veinte millas a la redonda, y la gente celebraba el Divino Nacimiento como era celebrado al principio por San Francisco. El suelo de la casa más grande había sido cubierto de agujas de pino, los muros estaban cubiertos de flores y dentro de un círculo de velas encendidas figuras de arcilla representaban la escena de Belén. Castells propuso leer el pasaje de la Natividad. Mientras lo leía vio con sorpresa a siete u ocho personas con Evangelios o Testamentos siguiéndole verso a verso. Un extraño hombre había llevado estos libros a las montañas hacía poco tiempo, y los pasajes que acababa de leer habían sido leídos en aquel momento por el otro misionero desconocido.


En los últimos siete años más de 50.000 Evangelios habían sido vendidos solo a los indios, libros que habían sido pagados en huevos, almidón, cacao, leña y otros productos. Se estaba preparando otra edición de la versión azteca de Lucas, publicada setenta años atrás, y el Evangelio de San Juan en lengua bribri estaba a punto de ser impreso para los indios talamancas de Costa Rica. Más aún, el Sr. Castells había enseñado a dos españoles ciegos a leer las escrituras (se dice que los dos primeros ciegos que aprendieron a leer en Centroamérica), de modo que ellos pudieron enseñar a otros.


La Sociedad Bíblica fue apoyada por los gobiernos de las Cinco Repúblicas. Franqueo gratuito, portes gratuitos y pases y tarifas reducidas para el traslado por ferrocarril o marítimo supusieron un gran alivio para la economía de la Sociedad. Los Cónsules británico, estadounidense y español llevaban a cabo sus buenos oficios. Veinticinco voluntarios ofrecieron su ayuda entusiasta, la mayor de ellos relacionados con las seis misiones todavía activas en Centroamérica. La Catedral Auxiliar de Belize floreció bajo la presidencia del Gobernador de Honduras, y en su centenario el Obispo Ormsby aceptó el oficio de Vicepresidente de la Sociedad. La Sociedad Bíblica Estadounidense se hallaba también sobre el terreno, aunque las amistosas relaciones evitaron que se solapasen. Finalmente, en 1903, el Sr. Castells y  Mr. Stark, agente de las Repúblicas Andinas, se encontraron en Panamá, uniendo la organización de la Sociedad Bíblica desde Bermudas hasta la Patagonia.


A History of the British and Foreign Bible Society, por W. Canton






Correo del Secretario de la Logia Lullingstone nº 1837 (en la que F. de P. Castells fue instalado como Venerable  Maestro), informando de sus rangos y fechas correspondientes.



Correo de la archivera del borough de Bexleyheath, Sra. Jes Cooban, en el que nos envía la primera de las dos fotos que se hallaban en sus archivos (la segunda, que aparece también aquí reproducida, la encontraría días después al revisar el material existente, pues no estaba catalogada).